Mario Vírico

Aquí siempre es otoño. O sea, que se vive en una eterna incerteza.

Publicado en Lirismos por Mario Vírico en Noviembre 10, 2009
Let'em play

Jolín Zooey, siempre me toca hacer de Nancy...

1. En las últimas semanas se hace más o menos legible (lean leíble si gustan) el siguiente balance: ‘(500) Days of Summer’ está gustando a la gente adecuada. A los que necesitaban algo de luz sobre ciertos rincones que sólo fabrican telarañas y fantasmas. Pero pocos vamos más allá del suspirito satisfecho. Nadie se pregunta en qué coño andamos perdiendo el tiempo. Vamos arrugando la piel, endureciendo arterias, preparando infartos y poco más. Interactuamos en lugar de relacionarnos. Nos dedicamos básicamente a jugar con el prójimo. Somos corteses no por deseo sino por interés. Somos Gary Colemans, felices sólo si detenemos antes nuestro crecimiento. Sonrisitas blancas en el plató de la NBC. Las reglas son pocas, sencillas, y es aconsejable seguirlas. Cada día somos más sitcom y menos Zulawski. ¿Ha intentado alguien rasgar el tejido de la Realidad? Llevo un cabreo que no lo sabes bien.

2. No me voy a esconder: la película me ha encantado. Me ha hecho más feliz, me ha quitado el miedo a hacerme un caminito de marshmallows hacia el abismo. Ya en Agosto avanzaba algunos síntomas; ahí empezó a crecer Zola Gauvy. Recortes, y con ello descubrir el bien que me hace partir mis discursos en brevedades concretas. Superpuse a Zooey con Laura, les busqué paralelismos porque no son antitéticas, me acordé de aquella alucinación auditiva que me visitaba con diecisiete años, de los vestidos de algodón que recordaba de fotografías antiguas. Años y años de sensaciones cristalinas que carecían de nombre o contexto. Esto no lo jode ni dios. Va a ser un dramón que hará que se le caiga la cara de vergüenza a quien lo lea. Y luego está el amor, toneladas de besitos, caricias, lagrimones, encuentros, rupturas y un final en technicolor. Me estoy metiendo en las bragas de mi musa, el otro día sin ir más lejos le quité la virginidad. No estuvo mal, aunque del chico ni me acuerdo. Se juega así, ¿no? La película me ha curado, sí, pero también he desgarrado un poco la venda de mi felicidad, esa ceguera de Matt Murdock que tan valiente me hacía.

3. No nos conocemos, no nos tocamos, no me tocan, nadie se fía de nadie si no hay un código de por medio. Dale que te pego con mentirijillas y excusas, con amistades a medio gas, con eso de la conocidumbre que tanta gracia me hace y tanto odio siembra en mí. No soy mucho más inteligente que el resto, para qué engañarnos. He reducido mi radio de confianza hasta que ya sólo abarca a una persona. Encima me he equivocado de persona, o eso intento inculcarme con tal de no romperme a llorar ahora con el frío y el olor a perfume en el abrigo [yo es que sabía antes que tú que llorar viene de rozar la felicidad en un paseo de etereidades y anhelos]. Mi antigua jefa nos cazó charlando en un rincón de la cafetería, me levanté a pedir un café y la mujer me cogió del brazo: “Qué bien que os veo,”. Y yo: “Díselo al hijolagranputa que la tiene engañada, yo sólo soy un pasatiempo”. Me dice que sea paciente, que ella es muy joven y todavía no me sabe ver bien. Me intento vender una alegría pensando que alguien ahí fuera ha captado cierta electricidad entre nosotros. Yo sé que la hay, y que ella la niega porque hay que ceñirse a las reglas. Y yo ahí, rebel rebel, sacando el Bowie.

4. Me llena mucho leer a esta chica. Los amorfos pensarán que es una calentura inconfesa que se engalana para no llamar la atención. Qué equivocados que están, y cuántos son. Me llena ver cómo abraza los versos y se hace mantas, armaduras, un chándal, un sombrero, una espada. Me llena leerla pisar la hojarasca con esas líneas que de tan naturales sólo sabríamos llamarlas imperfectas. No me olvido de ponerle a la escena los dedos de esmalte degradado. A mí se me pone dura respetando a las mujeres tal cual son, parafilia que comparto en soledad. Y es que son tantos hombres creciendo en horizontal con la fantasía de lo opuesto… engañando a las hadas, embotellándolas, fabricando muñecas y arrancándoles los ojos. También me pongo voraz frente a según qué clase de pubis velludos; será que en los tebeos que escondía de niño les dibujaban el umbral con colores oscuros. Me gusta que le gusten las palabras, soy de gustos simples. ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué excusa quieres que te ponga?

5. No soy un cantautor folk, pero me llaman eso cuando no me quieren cerca. Del mismo modo, dejan de llamármelo cuando no me quieren cerca. Supongo que no me quieren y punto. Han llamado a un garrulín del extrarradio barcelonés que canta en inglés criptoburgalés -pero que se ha dado cuenta de ello y se ha pasado al castellano- y a un jerezano que querría parecerse a Jeff Tweedy o Bob Mould. Ninguno de esos dos spaniards pasaría de las salas de detención del JFK Airport. Los otros dos son yanquis y entienden el negocio. En lugar de copiar fabrican a futuros copiones, saben cómo se asimilan las influencias y qué hacer con ellas. Yeah, baby, tonight forever together, parlotearán los wannabes al término del concierto. Haciendo amistades internacionales de cara a encontrarle salida a su próximo EP, algo llamado en plan ‘Arsa la Greis que tiene mi Yef Bacli’ o ‘I suck ass but no one´s gonna put me out of my misery’. Yo a estos chicos siempre les digo eso de don´t quit your day jobs. ¿Envidia? Ninguna. Si no eres visitante no te pagan las cuerdas vocales desgarradas, ni los falsetes, ni los johnnycashes. You’ll be licking my big black hairy balls in no time, you dirty bunch of rednecks. Y ya que estamos con el orgullo negro, ‘Black Dynamite’ es la cosa más funk que he visto (y oído) en la vida. Funkier than funk, vaya. Está todo orquestado, desde los fruncimientos de ceño hasta las comas de los diálogos.

6. La semana pasada le di a conocer a Laura -intuyo que por un impulso salido de mi feminidad- a Azure Ray. Esta mañana estábamos cada uno en su ciudad, cada uno con su rutina de papeles y procesador de textos. Como el mensajero electrónico nos cuenta lo que escuchamos, a veces me da por curiosear qué le llena los oídos a la conocidumbre. Miro y la encuentro escuchando la misma canción que yo. Y es eso, que la sincronía me pone gilipollas perdido. El sábado me dijo que le gustaron mucho y yo le confesé que ‘Sleep’ me hace pensar en ella. Y ahí me tienes, con ojitos de iluso, hilando hechos y sobrevalorando sincronías menores. Contaba una vez por aquí que uno de mis remedios contra el insomnio consiste en imaginarla a ella rendida, respirando por esa nariz tan bien perfilada. Me da paz saber que su cabeza está descansando, que deja de cargarse preocupaciones y ansias por unas horas. Es una chica admirable, de veras que lo es. Supongo que soy demasiado sucio como para merecérmela. O serán las reglas. Será que huelo a muerto o antiguo.

7. Mira qué precioso bodegón de mujeres. Me las comería a las tres, pero va en contra de mis principios, así que les agradezco que me sostengan por lo que queda de mis alas. Zola, Luna, Laura. Las tres tienen un La, que es una nota preciosa. Perfecta para abrir los lamentos si se toca en menor. Si cierras con ella en mayor tienes un final lleno de luz y esperanza. La música sólo se puede explicar mediante la sinestesia. Y ahora que lo veo, recuerdo lo que hablaba con un compañero de letras. Que si el subconsciente se nos escapa por el vocabulario. Helo aquí: Zola es la única que termina en La, la única ficticia. ¿Será mayor o menor? Me voy, que le estoy siendo infiel a doña Novela. Ella me proveerá de respuestas. Para ser muy hombre hay que saber ser muy mujer, eso ya os lo digo ahora.

Una respuesta

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  1. EL gótico said, on Noviembre 10, 2009 at 18:36

    Ta has quedao a gusto abriendo to las ventanas. Madre deus ex machina.

    Ya sabes mi opinón lunera. or lo demas, valiente eres. Esto ya tiene que servir para que te arranques a escribir la novela como el Flash de Geoff Johns, esperemos que sin galeria de villanos. Suerte ahí.


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