Mahalo

La película se abre y se cierra con Peter Bretter desnudo. Nos señala que está cómodo y enamorado, de un modo cercano a lo filio-maternal, que es cómo el hombre no se ve forzado a emitir renuncias y puede andar en pelotas por casa sin temor a regaños. Cuando Sarah abandona a Peter, se nos lleva de paseo por el pocas veces ilustrado tour de las lamentaciones: hombre llorando, hombre autocompadeciéndose, hombre follando con locas, hombre rememorando los segundos más dulces. Esto es, un hombre náufrago de sí mismo. Así pues, su escapada a Hawaii puede leerse dentro de lo metafórico si se quiere.
Jason Segel escribió el guión y las canciones que forman parte de ‘A Taste For Love’, el musical en el que Bretter trabaja y que terminará por redimirle. Dicen que todo viene de cuando Segel y Linda Cardellini rompieron. Suena a una de esas anécdotas que tan bien le sirven al marketing, una de esas trampas para espectadores crédulos, pero visto el film esa idea desaparece. Recalca las dagas envenenadas y las lágrimas contenidas, le da más sentido al marco profesional de Sarah y Peter. Pero volvamos a Hawaii, que es donde realmente comienza todo.
Paul Rudd interpreta a un tal Chuck que ha elegido llamarse Koonu. En la isla todo es posible, una idea tan conservadora como hermosa. Así que Segel le coloca a Bretter un salvavidas, una bella y dulce morena que funciona como antítesis a la fría y rubia Marshall. Al final resulta que el film no es una comedia asalvajada. Es algo más bien plácido, de conversaciones y revelaciones pequeñas y mundanas. Tiene mucho de redención, ya lo decía antes al mencionar cierto musical, de revelador título e intenciones. Me tengo que repetir, es todo muy conservador. Y también muy hermoso. Insiste aquí y allá en la importancia de la isla, que es la representación espacial del trance. Clásico, infalible. No me sorprendo, pero tampoco me quejo. Es más, lo disfruto. Cada vez que la veo me voy de vacaciones con Bretter y pongo algo de orden. Posee cierta atmósfera, elemento habitualmente descuidado en la comedia de amoríos.
Produce Judd Apatow, contra quien los modernos vienen cargando las tintas por eso de alumbrar o amparar películas con fondo rancio. Andan equivocados proyectando su rechazo hacia Apatow, mientras que demuestran no estar atentos al circuito contemporáneo de comedias románticas. Las hay verdaderamente cobardes e insípidas como ‘Definitely Maybe’ o ‘Chaos Theory’, ambas protagonizadas por Ryan Reynolds; fíjate tú qué curioso. Por no hablar de las numerosas aportaciones de Matthew McConaughey, origen involuntario a toda una escuela de humor que ataca las zonas más afectadas por el género. Ocurre que se deglute mal y se digiere peor. Lo de Segel es muy saludable, por el arrojo y la desvergüenza. La autobiografía encubierta es un patio de juego fantástico, pero la diversión se encuentra en los detalles y no en la panorámica, que es lo que finalmente enamora a los bobos.
A mí me partió el corazón una rubia iracunda, y poco después conocí a una morena amable. Sé que desbarata lo expuesto, pero no puedo esconder mi identificación con Bretter. A ustedes les dejará indiferentes. Quizás por falta de familiaridad con la historia y sus capítulos, puede que por una simple cuestión de sensibilidad marchita. Ese es el verdadero y maldito problema. Ya no saben si juzgan el cine por su piel o su carne. Mezclan sabores, se les atiborra la percepción y luego les repite la papilla.






Uhmm… No sé por qué pero leyendo el post se me ha ocurrido que podría molarte Las reglas del juego de Roger Avary, una película con pocos pelos en la lengua (o ninguno) a la hora de hablar de rupturas o brechas incurables que deja el amor. Si no la has visto recomendada queda.
Esto… el amigo Marlon tiene precisamente un tema llamado así por la novela de Brett Easton Ellis. La película de Avary está muy bien, precisamente la miré un par de veces la semana pasada y cada vez me gusta más. Es una recomendación cojonuda, así que gracias igualmente. Aunque no la entendí como una película sobre el amor, más bien diría que habla sobre el egoísmo y la crueldad que rigen nuestros deseos.
El tuyo es un punto de vista más afectado que conservador, y es, precisamente, el punto de vista idóneo, el único sensato, diría, con que discernir, disfrutar y aceptar una película como Forgetting… A mí me dejó frío. Se me antojó con falta de más arrojo y demasiado convencional, en última instancia, pero es cierto que al emporio Apatow, y a amigos y vecinos, se los está minusvalorando un poco por las conclusiones a las que llegan algunas de sus películas (las escritas y dirigidas por Apatow, por ejemplo).
Ayer vi A love you, man y me han entrado muchas ganas de dedicarle un post. Segel ahí está magistral. No tiene nada que ver con su papel en Foretting… Es mucho mejor. La conclusión es puro Apatow. Pero ya me extenderé más cuando me ponga con el post. Hablaremos de esa ambivalencia moral que caracteriza a Apatow y CIA. Hace falta, que nadie lo hace. Por eso se agradecen críticas como esta.
Precisamente vi ‘I Love You Man’ hace unos días. Me encantó, me tocó muy hondo esa forma de pintar la amistad. Y es que ya parece que en el cine sólo se habla de sentimientos de segunda mano, romances precocinados y todo eso. Adelante con ese post, yo no me veo capaz ahora de decir algo sensato sobre ella, quizás más adelante.
Sobre Segel… ¿cuándo no está enorme este tío? Joder, tiene un don muy extraño para la actuación. No sé describirlo. Sin él creo que ‘Forgetting Sarah Marshall’ no me habría llegado tanto. Vamos, seguro que no.