The Party´s Over (IV): ¿Te acuerdas del Plan 9?

Hay algo de sadomasoquismo en mi travesía veraniega. Ayer, retomando mi rutina del verano pasado, me pateaba un buen número de blogs, sacados todos de mi surtida y abundante colección de marcadores zorrígneos*. Este blog ha sido eliminado, última entrada publicada allá por 2007, cero comentarios, un vídeo que se quiere gracioso, otro bendito que cuelga el mismo vídeo. Sigo. Entradas brevísimas o demasiado largas, opiniones prestadas, poca ironía, exceso de autoconsciencia empleada con fines autoindulgentes, mucha menos ironía, toneladas de sentimiento redundante, impostado. Puedo seguir, pero perdería los papeles y los motivos.
¿Que el blog no ha/había muerto? Permítanme discrepar.
Es cierto que no se puede hablar de un tránsito oficial, ni siquiera de un abandono masivo del medio; ni falta que hace. Las esquelas las escriben la ausencia de entusiasmo y la poca participación. Les avisé de que eran los síntomas a considerar, que estos se harían más acusados en poco tiempo y que de ahí pasaríamos a una suerte de suspensión de los eventos. Pues claro que mi interés ha decrecido, pero se trata de una reacción venida del aburrimiento. Contadme algo nuevo, desgraciados. Planteadme retos, ofrecedme argumentos. Y como alguien bien predijo en su día, sobreviven los constantes y cariñosos, junto a los que gustan de masturbarse en público. Eso me lleva a darme un par de bofetadas; sólo un par.
Me hago pajas en mi blog. Muchas. Me gusta pensar que, al eyacular, lo mancho todo con cierta carga literaria, con un sentido del humor denso y retorcido. Me alivia no recibir apenas comentarios porque es algo que me asegura preservar cierta dignidad. Me dice que no me he vendido al público, y que mis monerías son totalmente espontáneas. El alien se metió demasiado en el papel, me harté de decirlo antes de enviarle de vuelta al Espacio e inaugurar Casa Vírica. Pero pese al síndrome Weissmüller el pielgris dejó un pequeño y airado legado: El Plan 9. Dieciocho entradas que podrían haber sido más, pero bastante representativas de lo que se cocía y de lo que se sigue cociendo en los crematorios de la blogosfera. El proyecto debía seguir bajo el epígrafe eugenésico, pero el público falló. ¿Me habrán matado y no lo sé? De verdad que poco me importa. Ya surgirá cómo retomar la labor. No tengo ninguna prisa.
Ayer, les decía, retomé mi travesía del verano pasado y llegué a un blog lleno de masturbaciones, literatura barata y comentarios en cantidades industriales. No soy envidioso, aunque sí muy aversivo. Me enfermó leer a su autor tan feliz de sus relatos, que no son más que estampitas pobremente descritas, desnortadas, lastradas con un vocabulario poco colorido y unas reflexiones ramplonas y/o previsibles. Esa maldita creencia de que toda muestra literaria deber cerrarse con una conclusión. Lo peor vino al atender la parte de los comentaristas, quienes no participaban en los textos sino que los malinterpretaban para verter después impresiones en paralelo. Es que mi vida, si yo también pero un poco diferente… Y las loas, que fertilizan los egos poco o nada madurados. Tenemos entonces a un escritorzuelo que puede levitar porque controla su atmósfera y ha dado con algo que se vende muy bien entre un público que nunca compra nada. Son muchos como él quienes todavía sobreviven así. Inofensivos, aunque sólo hasta cierto punto. Ahora les cuento.
Me inquieta muchísimo imaginarme a estos individuos en sus otras vidas. Cada sonrisa de satisfacción, cada asunción equivocada pero defendida con arrogancia. Todo porque le leen, se cree beneficiado por esa fatal retrocomprensión que se da entre el blogger altivo y el lector defectuoso. Me inquieta esa contradicción del ego. Que lo emplee exclusivamente para elevarse, sin plantearse la posibilidad de que su ejercicio en el blog está equivocado. Ya digo, ego poco madurado, incapaz de autocriticarse y por lo tanto de escapar a ese ridículo recreo. Y atención al gran cinismo: la falsa modestia que acostumbran a lucir en ese estanque del Narciso que es el apartado sobre mí, sobre Yo, sobre el Autor. Modestia que no rige ni formas ni discurso, sólo está ahí para saludar con la sonrisa llena de dientes hermosos. Pero qué chico tan majo, dice que sólo hace esto por afición, pero es que además lo hace requetebien.
Y es que los que siguen vivos son todos unos benditos.
*Zorrígneo: Referente o relativo a Firefox







Amén. Pero di nombres y sitios concretos, que se echa de menos la sangre.
http://elalmadifusa.blogspot.com/
Por ejemplo, sin ir más lejos, el objeto de este artículo.
Uff. Prefiero ver la sangre correr sin que llegue a tocarme, pero me da la sensación de que toda esa manada de comentaristas aplaudirían y reirían las gracias del autor fuera cual fuera la chorrada que éste postease. Qué mal repartido está el mundo, o mejor dicho, los comentarios xD.
Jajaja, estimado Mario, terrible la sensación de caer (maldito blogroll!) en cualquier bitácora profunda, plagada de densos posts “donde el autor intenta humildemente compartir un poco de su humanidad vertida” – o cualquier mierda similar de perfil -, y vitoreada por comentaristas talibánicos que se sienten los elegidos al haber descubierto tal “riqueza literaria”… Pues pá ellos la perra gorda.
Cada vez que pululo – a lo Jack Nicholson en “Mejor Imposible”, intentando que no me toque nadie – por estos blogshits (que no “blogs hits”), me acuerdo de cuando tenía quince años y me daba por escribir cosas como “tu cabellera rubia de leona malherida”, mientras mis compañeros/as de clase flipaban y decían “jo, es que escribes taaannn bien!”… La madre que los parió.
El blog como tal no sé si habrá muerto: lo que sí que tengo claro es que muchos de sus artífices y lectoseguidores parecen sufrir de muerte cerebral. Al menos yo lo tengo claro: mi blog puede que sea idiotez, pero prefiero que la disfruten unos pocos que tener que hacer una mierda para que aparezcan millones de moscas.
Afectadísimos saludos.