Waiting for the Sun

El biopic nació para ser denostado. También para denostar con intermitencia a las figuras que trata, una actitud de lo más hipócrita. En el otro extremo se encuentra la hagiografía, término que siempre aparece al comentar el género. Casi prefiero la comicidad involuntaria que se da en los biopics de la primera categoría. Artista lunático le alza la mano a su sufridora esposa, se excede, enloquece. Entonces el director lo llena todo de acentos, ya sea para criminalizar o para compadecerse del célebre de turno. Qué hijo de la gran puta, o qué criatura tan compleja. Después de esto casi siempre llega un montaje redentor con violines y encadenados. Ay, la intermitencia. Qué jodida y divertida es, sin duda por lo chocante de su cinismo. Aquí me acuerdo de la pobre Karen Carpenter en su telefilm biográfico, un pedazo de basura de lo más interesante. La anorexia y la bulimia contempladas con un tremendismo de telenovela venezolana. Uno lo ve y siente la presencia de un dedo impertinente y acusador escondido tras la cámara. No sufran, al final ‘Close to You’ lo arregla todo. Bueno, casi todo.
‘The Doors’ no tiene demasiado que ver con ninguna otra muestra del género. Ocurre que es irremediable, viniendo de un tipo tan controvertido como Oliver Stone, dudar si lo que se nos narra se hace con admiración, moralina u objetividad. Diría que se encuentran las tres posturas, y eso es interesante porque le libra de los males del biopic. La mímesis de Val Kilmer no parece demasiado estudiada, desprende una rara espontaneidad en algunos momentos. En aquel tiempo, Stone quería además contarnos su historia de los USA. Así es que no, ‘The Doors’ no es un vulgar biopic, sino un instrumento cronístico, un diorama sobre el rock y sus tentáculos. La autoconsciencia estética de Stone no es aquí un lastre, y ofrece momentos de una belleza y calidad ilustrativa únicas. En su primera media hora se atreve a plasmar parte del imaginario poético de Morrison. Triunfa, consigue destilar un videoclip purísimo, traduciendo a lo visual la faceta abstracta de la música. Stone triunfa porque entiende al personaje que describe. El biopic jamás brinda este tipo de obsequios.
Lástima de la parroquia morrisoniana, dividida entre aquellos quienes escupieron sobre ella y esos otros que la ensalzaron por motivos irrelevantes y equivocados. Como siempre que el vulgo exterioriza su fascinación, vaya. Tampoco le perdonaron a Stone eso de apoderarse de Morrison para hablarnos de su país y su juventud. Ni en nuestro país ni en el suyo. Un hombre incomprendido éste, que seguramente también empleó al rey lagarto como vocal de sus obsesiones. En cualquier caso queda esa colección de cromos fantásticos que puebla la película, génesis a una improbable corriente que bautizo desde ahora como post-biopic. Y es que además puede leerse como una versión mejorada y muchísimo más profunda de ‘Alexander’, con la que guarda no pocos paralelismos y muescas autorales.







deja un comentario