Porno y Poesía (XII): Profondo Porno

Ya está superada la analogía que cabe entre la polla y la daga, entre el crimen y el coito. Digo daga y no cuchillo porque ella es muy condesa y ponzoñosa. Además, yo clavo a lo felino. Ocurren varias cosas al sacar el instrumento de un cuerpo. Una es que éste a veces ya estaba muerto… y sin embargo latente. Lo que llamaría no-necrofilia, que se explica porque a la puta le puede la pereza y fornica como muerta. Ocurre también que, con o sin homicidio, todo termina por salirse de su quicio. Compruebo, con más ira que tristeza, que follar y matar encabezan una larga serie de consecuencias. Una onda expansiva de problemas y miserias, para ser más exactos.
La metí ahí, pero no me la chuparon. Ahí sí, pero no habían estudiado el capítulo de la fellatio. Comerse una polla no es torturarla con la boca, aunque no le culpo. Tampoco culpo a siete de cada diez mujeres, que no quieren aprender ni ser instruidas. Pero a mí que no se acerquen. Puestos a cargar con responsabilidades prefiero aquéllas que surgen de una buena mamada. Este párrafo es más que nada anecdótico; sirve para llegar al tercero. Creo que los textos se ordenan así, aunque ya no estoy seguro de nada.
Pues aquí estamos ya en el tercer párrafo. Bueno, aún no. Lo anuncio y salto.
Tiendo a imaginar un mundo donde el asesinato no está penado, ni se juzga desde los palacetes morales. Pienso que, de haber un mundo así, follaríamos más y mejor. Incluso puede que la tasa homicida descendiera hasta márgenes pacíficos. Ella dice que El Flaco es buena gente. Qué va a decir si el muy zorro cubre su parte miserable con gentileza. Le golpeo en el posterior de sus rodillas para hacerle caer y entonces salto sobre su estómago. Le miro desde arriba y le pregunto si cree que merece la pena fingirse una persona que no es. Le pregunto si no siente vergüenza de sí mismo por follar tan mal, por ser incapaz de transmitir cariño. No puede responder porque sólo es un sifón de excusas y sangre. ¿Por qué me haces esto? ¡Yo no he hecho nada! Siempre dicen lo mismo cuando se les empieza a nublar la vista. En realidad pierde el conocimiento por cobardía, su cuerpo no está tan maltrecho. Teme escupir más sangre, teme que el ardor que le está conquistando no cese. Lo teme porque cree que no lo merece, así de arrogante es.
Mejor lo zanjo. La verdadera belleza jamás se marchita, ergo esa Ella no es realmente bella. Esta chica con la que me acabo de cruzar sí que lo es. Ahora que tiene dos hijos es incluso más bella, se le han ensanchado los pómulos. Su barbilla, en alianza con sus labios, dibuja sonrisitas y besitos, incluso antes de emitirlos. Estoy escribiendo desde muchos sitios a la vez. Desde mis cincuenta y cinco años, tranquilos y neoyorquinos. Isaac, el mayor, golpea cazuelas en la cocina. No me enfado, no le grito. Me prometí no hacerlo jamás, no a mi hijo. Estoy lejos de ahora, de este país, del sexo y el asesinato. Sólo bilocado. He tachado una equis.
¿Is there any beer left in the fridge, honey?







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