Mario Vírico

Explorando el Becindario

Publicado en 24fps por Mario Vírico en Junio 18, 2009

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Soy un enemigo plasta y declarado de Ridley Scott. De su esteticismo relamido, pero especialmente de su frecuente ausencia de ritmo narrativo. Supongo que cree compensar lo segundo con lo primero, y así ha sido que ha ido reincidiendo y agravando tal error. Pero ‘Alien’, exquisitez visual al margen, le redime. Quizás es que los productores (entre ellos Walter Hill) le llevaron con correa. O me he vuelto loco y tengo ganas de comerle el bigote a Tom Skerritt, ese actor serenísimo y prolífico.

Empecemos por ahí, por Dallas.

Quizás por un sano respeto de advenedizo, Scott se ciñó -cosa rara en él- a narrar al modo clásico. Recorre el silencio del Nostromo y luego lo despierta del hipersueño. Se recrea lo justo en la llamada de socorro y envía al equipo de reconocimiento. Consigue contagiarnos la fascinación de Kane hacia la decadente estructura xenomorfa. Y entonces aparece el esqueleto del llamado space jockey, seguramente la imagen más inquietante del film. Inquietante porque es capaz de desconcertar al espectador. Gigantesca y ominosa, presentada morbosamente y jamás aclarada. Después vendrá el campo de huevos para empezar a situar la tensión. Hasta ese momento es una película perfecta, y éste es el segmento que de veras me interesa.

Demasiado aplicado, también previsible, pero llevado todo con cautela. Cuando el director parece encogerse con la historia que nos narra, cosa tan bella como poco frecuente. Herencia innegable del cariño de la serie B hacia sus historias, característica que no se repetiría en la filmografía de Ridley Scott. Tal vez porque encontró ahí un filón: envolver su arrogancia y apatía con faustos visuales y atmósferas colmadas de detalle. Lástima.

Y es que se ha perdido ese mimo hacia lo fantástico. Tobe Hooper recreaba en ‘Lifeforce’ ese mismo arranque, llevándolo incluso más lejos. Y aquí existe un contraste, dos modos completamente diferentes de implicarse para con un relato. Scott abandonaba pronto ese ánimo para entregarse por completo a la creación de un suspense en gravedad cero. Hooper lo mezclaba con una puta muerta en Hyde Park, una conexión telepática, un mad doctor y un fin de fiesta que ni quería ni necesitaba esconder su deuda con ‘Quatermass and the Pit’. Un año después Hooper reinterpretaba ‘Invaders From Mars’, trabajo que no tiene nada de caprichoso y sí mucho de revelador. Hooper reivindicaba la figura del buen cuentacuentos, el que jamás se siente superior a los argumentos y los describe partiendo de esa inocencia que antes solía presuponérsele al espectador. La prueba definitiva al respecto la ofrecía Joe Dante en ‘Explorers’, casando el inmaculado deseo de volar con la cultura drive-in. O prueben con ‘The Black Hole’, producción que casi le costó la vida a  la Disney. Pero no se vayan tan atrás en el tiempo; quédense con ‘Even Horizon’, del majete Paul W.S. Anderson.

Puro amor de serie B.

Una respuesta

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  1. Juanjo said, on Junio 19, 2009 at 05:47

    Tom Skerrit es un actor a reivindicar. ¡Ya me gustaría envecer como él!
    ¿alguien recuerda esa fantástica partitura de Mancini en Lifeforce?


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