Mario Vírico

Porno y Poesía (VII): Punks de treinta y tantos

Publicado en Lirismos por Mario Vírico en Abril 18, 2009

punk

El impulso punk es una cosa púber, de ideas mal concebidas y cabreos mal proyectados. Pero si uno persiste en su rebeldía y la lleva al quicio de la treintena, está demostrando algo. Tan sólo a sí mismo, claro. A nadie le importan tus progresos en el campo de la emancipación del ego. Cristo es Rey en las vidas de muchos contraculturales. Cristo será Rey, el Trabajo dignifica y más monsergas de seminario. La izquierda se plantó un día con un decálogo incompleto y ajustició a quienes consideró enemigos del progreso. Esa actitud es en sí misma un lastre al progreso, miren por dónde. Pero esto funciona así. Un monarca y millares de esclavos. Ciegos, privados de certezas, de pan y caricias. Que coman no les incluye en el grupo de los bien nutridos.

Se ha ido mi admirado S. Le echo de menos. Algo, mucho más de lo que otros ya han convenido. Mira qué podrido está el patio que hasta se convienen los grados nostálgicos. S se cubría con palabras malsonantes, maldiciones y otras coces. Y es por ello que a la grada se le hacía cuasi cómico, prescindible. Gilipollas. Gilipollas con credos, gilipollas de colores. Gilipollas estáticos. S les pateó con saña, y lo hizo porque ya sabía qué era orgullo y qué era ego.

Me ocurre algo parecido: en cuanto despierto y les recuerdo sus agresiones y las heridas que escoltan se esconden ridículamente tras las cejas arqueadas o el argumento fofo. Son todos unos hijos de la gran puta incapaces de ceder, de reconocerse lisiados frente a la Evidencia, la Razón y esas otras señoras que antaño trinchaban el bacalao.

Somos punks de treinta años, apéndices a un atrevimiento con fecha de caducidad. Prueba viviente de que la Fe no implica besos negros a Cristo ni al mando jerárquico. Seres precoces que hallamos la madurez antes de que la niñez expirara. Y sólo nos queda ser putas o esclavas. Y como somos más duros que el mármol no elegimos, sino que perpetuamos el quejido.

Pues claro que nos marginan, es que no saben qué más hacer con nosotros. Filisteos flaubertianos; esto lo pronunció hasta el tedio nuestro Vlad letrado. La ilusión del saber, el espejismo de la eminencia. Sin pasión, sólo grasa y metal percutiendo secamente en la noche de la concordia.

No somos payasos sino santos. Castrados, ahogados por una almohada de algodón. Joder, qué vulgar es el algodón. Y lo peor es que el muy hijoputa está en todas partes, vistiendo a los hijos de los filisteos.

2 comentarios

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  1. Cinematic said, on Abril 18, 2009 at 15:04

    Mola cuando se te va. Lo digo como elogio, eh. Si a todos se nos fuera la pinza con tanta gracia y estilo, este sería un mundo feliz.

  2. Edgar Valdés said, on Abril 20, 2009 at 16:32

    “Ciegos, privados de certezas, de pan y caricias. ”

    Un saludo a esos treintañeros.


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