Mario Vírico

Fuck.

Publicado en Lirismos, Té Uve por Mario Vírico en Noviembre 17, 2008

teachingmoods

Siete capítulos ha tardado la segunda temporada de ‘Californication’ en recuperar esa relevancia que ya parecía perdida, una demora que ha arruinado parcialmente la solidez de la serie. El título de ese séptimo episodio, ‘In a Lonely Place’, avisa de un rescate: está hecho de ese tejido sentimental que tan bien manejaba la primera temporada. El sexo articula de nuevo los conflictos, y estos conducen, una vez más, a Hank Moody. Hasta este momento se habían visto trucos de guionista novato, algo decepcionante viniendo de Tom Kapinos. Toneladas de humor grueso se han impuesto a aquella comicidad cínicamente referencial que la distinguía en su arranque. Afortunadamente, ‘In a Lonely Place’ vuelve a explorar emociones, choques morales y vacíos existenciales. Sin ponerse cósmica ni solemne, simplemente devolviéndole a Moody el peso dramático que había perdido entre subtramas vulgares y rellenos innecesarios.

Mi temor a que ‘Californication’ deviniera un producto simpático a los modernos y chabacano a los exquisitos no tardó mucho en confirmarse. Con ello se ha desvirtuado ese mensaje transgresor que, no lo duden, contiene. El conjunto de virtudes y defectos humanos que se proyectan en Moody debía servir para que chulos y putas reconocieran su hipocresía al verse únicamente capaces de simpatizar con un personaje así con la barrera ficticia de por medio. Chulos son aquellos que sobreprotegen a sus parejas cuando realmente las desprecian, mientras que mantienen la guardia alta con tal de follarse a tu mujer: A la mía ni mirarla, a la tuya me la follo cuando quiero. Putas son esas mujeres que consienten el juego que les describo arriba, propietarias de una moral en venta permanente. No, la carne no. La moral, las emociones, cualquier cosa que derive del espíritu. Y de nuevo, con impasible hipocresía, sacian sus bajezas mientras se defienden y justifican diciéndole a uno eso de sólo es sexo, dándonos la razón en eso de que sólo venden aquello que no valoran. Pero chulos y putas sólo sonríen y se regocijan en la gratuidad del hedonismo, uno al que Moody llega desde su cielo de letras, y no desde una cloaca de abismos. Escribes, nadie te lee. Hablas, nadie escucha. El sabio es hoy un bufón, así que se inclina hacia la copa y se deja amansar por el licor. El chiste está en sobrevivir al vacío con la Verdad, señalando al prójimo, escupiendo a Dios. Algo que Moody hace constantemente.

Conecta con todo ello el hecho de presentar a un escritor odiado por ignorantes y amado por idiotas, uno que se pelea contra esa película que le trivializa y esa música que no le inspira una sola línea. En el bellísimo final del piloto, ocurría algo muy significativo: ‘Rocket Man’, la soledad no elegida y los recuerdos enquistados desembocan en un “Fuck.” redentor y, en cierto modo, épico. Moody es la conciencia que todos silencian, la prueba de que el malditismo es una condición que no conoce de épocas o culturas. Ser un maldito es recordarlo todo sin perder el deseo de inmortalizarlo, hablarle al fondo blanco que inaugura toda creación. Recordar ese blanco y perderse en una espiral infinita de posibilidades hasta realizar la obra.

El blanco te quiere.

El chulo no, la puta tampoco.

2 comentarios

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  1. Dr Zito said, on Noviembre 17, 2008 at 10:15

    Magistral, magistral, en serio. Que diseccion moral de nuestros tiempos!

  2. Va por vosotros « Mario Vírico said, on Enero 17, 2009 at 06:55

    [...] para los rezagados: la foto de Moody/Ducho viene de este texto, del que estoy especialmente oruglloso. ▶ Comment /* 0) { jQuery(‘#comments’).show(”, [...]


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