Mario Vírico

Atticus equals Marcus equals Cygnus

Publicado en 24fps, Lirismos por Mario Vírico en Noviembre 21, 2009

1. Veinticinco horas despierto dan para mucho. La última de ellas la invierto en un monólogo hamletiano (otro más, hay que ver lo danés que me pongo) que utilizo para tallar un poco más a Marcus Cygnus. ¿Es un caballero? ¿Un ángel caído? ¿Un mierda con delirios de grandeza? No y no, un mierda sí que no. El caso es que termino preguntándome si su caballerosidad viene de ser un tipo noble o si por el contrario ha ido construyéndose a base de represión y celibato. ¿Habrá aprendido realmente a separar al hombre del Hombre? Seguiré con ello. Mañana por la noche llegará al aeropuerto privado de su cliente. Isla Santa Catalina, Avalon Bay. Dejo escrito vino y pasteles en mi croquis del próximo capítulo. Gauvy Estate suena bien.

2. Tres encuentros en una noche, tres. Al final va a creer que la estoy siguiendo. ¡Qué más quisiera! De acuerdo, es un pueblo minúsculo, pero no es buena señal coincidir tan a menudo en tan poco tiempo, después de años viviendo a oscuras. Me coloco el cuello de la camisa con modales de cisne mientras mantengo el arqueo inocente en las cejas. Le digo con ello qué mal te veo, te veo donde siempre, se te ve pequeña, será que estás muy lejos de mí. Ya no me quedan mujeres. Estoy harto de darlo todo a cambio de nada, de fregarme con criaturas que no saben quiénes son y no quieren saber quién soy. Cuando visite el ardor, un poco de pomada porno y listos; todo solucionado. Sonríe, guapetón. Lo estás haciendo muy bien. Eres el último de tu especie.

3. Me acurruco en la cama copiándole la postura a la gata y sorbo el té con labios de corazón. He trazado una ruta para visitarla sin que lo sepa y leerla con la mano en el estómago. Sobre el suyo, se entiende. Puede que no me note nunca, pero ahí me tienes durante treinta o sesenta minutos diarios acariciándole la cara interna de los muslos, susurrándole poeMarios al oído que me roba su pelo. Como no estoy ahí más que como fantasma, no puedo apartarle el mechón del pabellón. Me gustaría llevar un poco más allá el diálogo, pero prefiero mantenerme gaseoso, no sea que me descubra.

4. La noche está sucia, las narices sangran, Wizard Boyle engulle bocadillos de pastrami a las dos de la mañana. Yukio Bickle, consciente de que el hombre es un artilugio rudimentario y quebradizo, aparca el ataúd amarillo y se detiene a escuchar el rumor del oleaje por segunda vez en un año. Cada cierto tiempo desvía un ojo hacia el portal tras el cual Iris Haze se arrodilla para comprarse vestidos gritones y gafas de sol de plástico. Se parece a la chica de Coppertone. En la radio, un asesino de macarras llama a un consultorio para insomnes y Dios se manifiesta en la luz ámbar del dial. El coche huele que produce náuseas, hiede a humedad e indecencia. Calvin Schrader despide el programa de esta noche: …y no olvidéis limpiaros la nariz, cerdos.

5. ¡Boo!

6. Me quedo atrapado en un arpegio, no encuentro fórmula capaz de casar el prólogo en el aeropuerto con el fin en Finlandia. La canción me pide que me quede un rato más, así que vuelvo a empezar y reordeno las notas de tres modos distintos. El segundo no está mal, finge llevarte al tramo dulce pero da media vuelta y te devuelve al acorde del aeropuerto. Sin embargo, algo sigue fallando. You’re a prey, the fleece / the rifle agrees, the hunter cheers. You’re a prey, a fleece / the rifles agree, the hunters cheer. Y no salgo de ahí, sólo hago que guiarme por el olor a pólvora y evitar las trampas que marginan la senda elegida por los cazadores. La metáfora se me escurre entre el cuenco de las manos, como un reloj alejandrino.

Marlon Dean Clift Presenta (IX): Grace Cathedral Park

Publicado en Marlon Dean Clift, Sound + Vision por Mario Vírico en Noviembre 14, 2009

Mark Kozelek y los parques como escenarios donde las relaciones se diluyen o trascienden lo cotidiano para convertirse en algo mágico. Ya les decía, un poeta y compositor a tener en cuenta. El original lo tienen aquí, para que comparen y me critiquen.

Marlon Dean Clift Presenta (VIII): Brockwell Park

Publicado en Marlon Dean Clift, Sound + Vision por Mario Vírico en Noviembre 10, 2009

Es una vergüenza que todavía no se haya reconocido a Mark Kozelek como el gran poeta y compositor que es, muy por encima del mitificado Dylan. El original pueden encontrarlo en ‘Ocean Beach’, de Red House Painters.

Les recuerdo de paso que los covers son descargables.

Aquí siempre es otoño. O sea, que se vive en una eterna incerteza.

Publicado en Lirismos por Mario Vírico en Noviembre 10, 2009
Let'em play

Jolín Zooey, siempre me toca hacer de Nancy...

1. En las últimas semanas se hace más o menos legible (lean leíble si gustan) el siguiente balance: ‘(500) Days of Summer’ está gustando a la gente adecuada. A los que necesitaban algo de luz sobre ciertos rincones que sólo fabrican telarañas y fantasmas. Pero pocos vamos más allá del suspirito satisfecho. Nadie se pregunta en qué coño andamos perdiendo el tiempo. Vamos arrugando la piel, endureciendo arterias, preparando infartos y poco más. Interactuamos en lugar de relacionarnos. Nos dedicamos básicamente a jugar con el prójimo. Somos corteses no por deseo sino por interés. Somos Gary Colemans, felices sólo si detenemos antes nuestro crecimiento. Sonrisitas blancas en el plató de la NBC. Las reglas son pocas, sencillas, y es aconsejable seguirlas. Cada día somos más sitcom y menos Zulawski. ¿Ha intentado alguien rasgar el tejido de la Realidad? Llevo un cabreo que no lo sabes bien.

2. No me voy a esconder: la película me ha encantado. Me ha hecho más feliz, me ha quitado el miedo a hacerme un caminito de marshmallows hacia el abismo. Ya en Agosto avanzaba algunos síntomas; ahí empezó a crecer Zola Gauvy. Recortes, y con ello descubrir el bien que me hace partir mis discursos en brevedades concretas. Superpuse a Zooey con Laura, les busqué paralelismos porque no son antitéticas, me acordé de aquella alucinación auditiva que me visitaba con diecisiete años, de los vestidos de algodón que recordaba de fotografías antiguas. Años y años de sensaciones cristalinas que carecían de nombre o contexto. Esto no lo jode ni dios. Va a ser un dramón que hará que se le caiga la cara de vergüenza a quien lo lea. Y luego está el amor, toneladas de besitos, caricias, lagrimones, encuentros, rupturas y un final en technicolor. Me estoy metiendo en las bragas de mi musa, el otro día sin ir más lejos le quité la virginidad. No estuvo mal, aunque del chico ni me acuerdo. Se juega así, ¿no? La película me ha curado, sí, pero también he desgarrado un poco la venda de mi felicidad, esa ceguera de Matt Murdock que tan valiente me hacía.

3. No nos conocemos, no nos tocamos, no me tocan, nadie se fía de nadie si no hay un código de por medio. Dale que te pego con mentirijillas y excusas, con amistades a medio gas, con eso de la conocidumbre que tanta gracia me hace y tanto odio siembra en mí. No soy mucho más inteligente que el resto, para qué engañarnos. He reducido mi radio de confianza hasta que ya sólo abarca a una persona. Encima me he equivocado de persona, o eso intento inculcarme con tal de no romperme a llorar ahora con el frío y el olor a perfume en el abrigo [yo es que sabía antes que tú que llorar viene de rozar la felicidad en un paseo de etereidades y anhelos]. Mi antigua jefa nos cazó charlando en un rincón de la cafetería, me levanté a pedir un café y la mujer me cogió del brazo: “Qué bien que os veo,”. Y yo: “Díselo al hijolagranputa que la tiene engañada, yo sólo soy un pasatiempo”. Me dice que sea paciente, que ella es muy joven y todavía no me sabe ver bien. Me intento vender una alegría pensando que alguien ahí fuera ha captado cierta electricidad entre nosotros. Yo sé que la hay, y que ella la niega porque hay que ceñirse a las reglas. Y yo ahí, rebel rebel, sacando el Bowie.

4. Me llena mucho leer a esta chica. Los amorfos pensarán que es una calentura inconfesa que se engalana para no llamar la atención. Qué equivocados que están, y cuántos son. Me llena ver cómo abraza los versos y se hace mantas, armaduras, un chándal, un sombrero, una espada. Me llena leerla pisar la hojarasca con esas líneas que de tan naturales sólo sabríamos llamarlas imperfectas. No me olvido de ponerle a la escena los dedos de esmalte degradado. A mí se me pone dura respetando a las mujeres tal cual son, parafilia que comparto en soledad. Y es que son tantos hombres creciendo en horizontal con la fantasía de lo opuesto… engañando a las hadas, embotellándolas, fabricando muñecas y arrancándoles los ojos. También me pongo voraz frente a según qué clase de pubis velludos; será que en los tebeos que escondía de niño les dibujaban el umbral con colores oscuros. Me gusta que le gusten las palabras, soy de gustos simples. ¿Qué quieres que te diga? ¿Qué excusa quieres que te ponga?

5. No soy un cantautor folk, pero me llaman eso cuando no me quieren cerca. Del mismo modo, dejan de llamármelo cuando no me quieren cerca. Supongo que no me quieren y punto. Han llamado a un garrulín del extrarradio barcelonés que canta en inglés criptoburgalés -pero que se ha dado cuenta de ello y se ha pasado al castellano- y a un jerezano que querría parecerse a Jeff Tweedy o Bob Mould. Ninguno de esos dos spaniards pasaría de las salas de detención del JFK Airport. Los otros dos son yanquis y entienden el negocio. En lugar de copiar fabrican a futuros copiones, saben cómo se asimilan las influencias y qué hacer con ellas. Yeah, baby, tonight forever together, parlotearán los wannabes al término del concierto. Haciendo amistades internacionales de cara a encontrarle salida a su próximo EP, algo llamado en plan ‘Arsa la Greis que tiene mi Yef Bacli’ o ‘I suck ass but no one´s gonna put me out of my misery’. Yo a estos chicos siempre les digo eso de don´t quit your day jobs. ¿Envidia? Ninguna. Si no eres visitante no te pagan las cuerdas vocales desgarradas, ni los falsetes, ni los johnnycashes. You’ll be licking my big black hairy balls in no time, you dirty bunch of rednecks. Y ya que estamos con el orgullo negro, ‘Black Dynamite’ es la cosa más funk que he visto (y oído) en la vida. Funkier than funk, vaya. Está todo orquestado, desde los fruncimientos de ceño hasta las comas de los diálogos.

6. La semana pasada le di a conocer a Laura -intuyo que por un impulso salido de mi feminidad- a Azure Ray. Esta mañana estábamos cada uno en su ciudad, cada uno con su rutina de papeles y procesador de textos. Como el mensajero electrónico nos cuenta lo que escuchamos, a veces me da por curiosear qué le llena los oídos a la conocidumbre. Miro y la encuentro escuchando la misma canción que yo. Y es eso, que la sincronía me pone gilipollas perdido. El sábado me dijo que le gustaron mucho y yo le confesé que ‘Sleep’ me hace pensar en ella. Y ahí me tienes, con ojitos de iluso, hilando hechos y sobrevalorando sincronías menores. Contaba una vez por aquí que uno de mis remedios contra el insomnio consiste en imaginarla a ella rendida, respirando por esa nariz tan bien perfilada. Me da paz saber que su cabeza está descansando, que deja de cargarse preocupaciones y ansias por unas horas. Es una chica admirable, de veras que lo es. Supongo que soy demasiado sucio como para merecérmela. O serán las reglas. Será que huelo a muerto o antiguo.

7. Mira qué precioso bodegón de mujeres. Me las comería a las tres, pero va en contra de mis principios, así que les agradezco que me sostengan por lo que queda de mis alas. Zola, Luna, Laura. Las tres tienen un La, que es una nota preciosa. Perfecta para abrir los lamentos si se toca en menor. Si cierras con ella en mayor tienes un final lleno de luz y esperanza. La música sólo se puede explicar mediante la sinestesia. Y ahora que lo veo, recuerdo lo que hablaba con un compañero de letras. Que si el subconsciente se nos escapa por el vocabulario. Helo aquí: Zola es la única que termina en La, la única ficticia. ¿Será mayor o menor? Me voy, que le estoy siendo infiel a doña Novela. Ella me proveerá de respuestas. Para ser muy hombre hay que saber ser muy mujer, eso ya os lo digo ahora.

Pochoporcast

Publicado en Porco Podcast por Mario Vírico en Noviembre 8, 2009

Domingo, resaca, amoríos. Cógete la manta, túmbate en la cama y deléitate con Danzante, el prestidigitador de los aviesos. Y Luna, por dios, ven a vernos. Pronto.

Marlon Dean Clift Presenta (VII): The Way That He Sings

Publicado en Marlon Dean Clift, Sound + Vision por Mario Vírico en Noviembre 8, 2009

Reto superado: cantar a lo Jim James con resacón, corazón roto y seso revuelto. Llevo alrededor de un año enamoradísimo de este tema, obra de los luminosos My Morning Jacket. Contagioso.

En unas horas grabamos porcast ñoño, quejica y sensiblero. Adivina quién viene a danzar esta tarde.

Reglálogo del Desazo: A Bloodier Shade of Pale

Publicado en Lirismos por Mario Vírico en Octubre 28, 2009

Bloodonwhite

Esta noche hemos vuelto a follar. Mis sentidos la recuerdan pero mi cabeza la aparca constantemente. Pesa mucho y hace ruido. En el sueño ella es una presencia cuasi etérea, no cobra rostro hasta que la odio deseándola y la deseo odiándola; el sentimiento es reversible, cambia según el recuerdo desde el que la proyecto. Al hacerse física veo mis brazos pálidos hacerse morenos al tomarla, y su lienzo infiel tornarse lechoso. Le aprieto las muñecas, que son pequeñas y caben en mis manos. La muerdo y le arranco un pedazo de pecho, lamo su cuello y lo preparo para ser desgarrado. Como soy un hombre estúpido me acomodo en mi acción. Estoy seguro de encontrarme devorándola, pero por cada bocado ella drena unos centilitros de mi decencia. Esto explica que yo soy lúcido y acuoso, y ella sólida y correosa. Como un mal bistec.

Poco importa si paso mis sábados con la cabeza reposando sobre pechos y estómagos, o si me acarician el pelo mientras me atiborro de humedades acidulces. Ella siempre aparece, física o figuradamente. Pasamos tanto tiempo juntos que ahora todas las conexiones me llevan a su coño rencoroso. Se resiste a crecer, o no puede, y me señala a los niños que le van llenando las cavidades. Quisiera no haberla conocido, no habérmela follado por el culo. Desde ella que he perdido mis convicciones, mi respeto hacia mí mismo, el ritmo pélvico. Me convirtió en uno más, en un hombre al que te puedes follar con un par de besos y una invitación. Es por eso que ahora todas los encuentros terminan del mismo modo: la primera noche en la cama, la segunda consistirá en una serie de entrevistas, la tercerá decidiremos si nos gustamos. Pero yo ya no conozco a nadie, todo me parece húmedo y angosto. Ella sonríe, hoy saluda cuando se pasó un año entero evitándome. Cree que aún confío en ella, pero se equivoca. Para mí sólo es una criminal, una sucia que creyó enamorarse de mí y pasó ese tiempo actuando, fingiéndose honesta cuando yo era el único que lo era, dándome placer para esconder. Y que me llamen anticuado, pero si algo termina es que nunca fue real. No voy a fingir que me es indiferente, antes te mato. O te follo. Te follo como no sabe follarte nadie. Te como el coño a pesar de la menstruación, luego te la meto hasta el pubis y dejo que el glande se caliente con la sangre de tus entrañas. Deja de razonarme si no me comprendes, déjame entrar y quédate quieta.

Marlon Dean Clift Presenta (VI): The Sewers of Memory Lane

Publicado en Marlon Dean Clift, Sound + Vision por Mario Vírico en Octubre 22, 2009

Chet Baker me daría con la trompeta hasta hundírmela en el cráneo si oyera el tema que les traigo hoy. Necesitaba un motivo introductorio para ‘I´m Alone on This’ y surgió esto, de una asociación imbécil entre jazz y nostalgia. La idea es llevarla desde la calma hasta un pseudo-Costello, cosa que intento aquí tímidamente. Ya sólo me falta encontrar a un trompetista de verdad y dejar de hacer el mico con la boca.

Decálogo del Deseo: La Novia

Publicado en Lirismos por Mario Vírico en Octubre 18, 2009

Leeloo

Desde que nos separamos he creído necesario ilustar siempre mis textos con imágenes. Primero está el miedo a quedarme en la superficie, más tarde viene la impotencia de quien sabe que el arte es una ciencia infusa, una guirnalda, un saco de inútiles goteando sueños sobre los cuerdos. Esta noche nos untamos de cordialidad, no sé por qué. Yo quiero, pero me contengo. Tú no sé. Ya no sé quién eres ni quién eras, así que rememoro.

Me sitúo.

Te reencuentro en el centro del sábado noche. Se me escapa un abrazo pero llego a tiempo para reprimirlo. Aparece un niño con el pelo grasiento y los modales de un putero que te toma por la cintura como si le pertenecieras. No quiero matarle, tan sólo enseñarle maneras. Le vigilo durante un hora de reloj y el tipo finalmente se rinde de puro acojone. Se me pone de cara de New York neurótico y jorobado. Tú ya no estás, pero eso da igual. No quiero demostrar nada, sólo quiero sacar a papá al parque. Papá tiene amor por las criaturas bellas. Papá sabe distinguir a un hombre de un insecto. Papá te quiere y no espera recompensa.

Se filtra una chica flaca y por un momento me estrangula la idea de teneros a las dos compartiendo plano. Digamos que tú eres Veronica Lake y ella es Brooke Langton. A ti te conocí con el pelo rojo y la cabeza en ese planeta que inventó Besson. Me invitaste a follar y nos pasamos dos días encerrados en una habitación minúscula. Al principio la metí con timidez, más concentrado en escuchar tu voz que en acompañar a la pelvis. Pasaron dos semanas y entonces surgió el animal. Aprendí que la caballerosidad y la friega erótica no andan reñidas. Lo alargamos durante unos tres años, me reemplazaste, encogí, me lamenté, tu madre falleció por el camino, le prometí respetarte y lo hice lo mejor que pude, me castré a veces para demostrarte que soy de los que ama para siempre, que la polla es un accesorio molesto la mayor parte del tiempo, imaginé a nuestros hijos, la cafetería que les alimentaría, me perdí en condicionales hasta matar al padre.

Podría recordarte diciéndome cosas como jamás lo lograrás o no eres mi novio porque un novio es ése con quien acabas casándote. Prefiero no hacerlo. Tú estás hecha de compartimentos y dudas. Me despediste diciéndome no eres diferente al resto, yo sólo quería tu sótano y tú me pediste la azotea.

Dicen que vivo en una mentira que terminé por creerme, que todo es follar, fingir y separarse. Yo digo que les den por culo, que te den por culo, que te calles, que nos limitemos a tocarnos, que nuestras pieles son las más suaves y se comunican de maravilla. Te digo yo qué sé. Hueles de maravilla, te mordería el cuello ahora mismo, vámonos de aquí, olvídate de todo, hazte respetar, tú me enseñaste lo que vale una mujer, el material que la construye, no te me rindas aquí mismo flirteando con ese monstruo de miel.

Bueno, me tengo que ir. No me olvides, que yo tampoco.

Decálogo del Deseo: Mamá

Publicado en Lirismos por Mario Vírico en Octubre 16, 2009

Mommy

Fíjate si andaba débil y borrachuzo que esta chica, antigua compañera de instituto, en su día presencia secundaria, me ofrece gentilmente su habitación de invitados. Oh, la gentileza… ¿cuánto hace que no uso esa palabra? Ese fin de semana su hijo lo pasa con su padre. Ella añora a la criatura sin disimularlo. Es más, le menciona con frecuencia y es agradable de oír. El suelo del recibidor está lleno de ceras de colores. El niño debe quererla mucho. Es después de fijarme en las pinturas desperdigadas que me planteo el hecho de estar ante una mujer que ha madurado sana. No como esas frutas jóvenes que apenas caen del árbol se magullan contra el suelo. Ahí me detengo en teorías beodas acerca de los vínculos generacionales y demás mierdas. Pero lo mejor viene al despertar.

Me saca de la cama con unos buenos días llenos de serenidad; discuto con mi cascarrabias si no se trata de una impostación. Por un momento dudo sobre la calma y dulzura que desprende su forma de hablar, pero debe ser algo natural si las mantiene durante tanto tiempo. Claro, súmale la piel pálida y los iris de orfebre. El haber estado escondida en mi memoria y su reaparición orquestada. La desnudez de nuestra conversación matinal: yo me fumo un par de sus cigarrillos negros mientras ella se disculpa por el crunch de sus cereales. La cago diciéndole que el crunch tiene algo bello que no debe ser silenciado. O quizás no. Parece cómoda con lo irritante de mi franqueza. Caminamos juntos, vamos al estanco, la acompaño al banco, seguimos hasta la estación. Mientras tanto hablamos de belleza interna y curvada, de suicidio, depresión y amor.

Nos despedimos con cortesía. Supongo que ella, de guardarme, lo hace en un rincón apretujado de la memoria. Yo no llego a planteármela hasta pasados dos días. Entonces la coloco junto al azafrán y los poemas adolescentes. Me abofeteo por no haber sabido verla en 1994. Claro que… ¿qué coño veía yo entonces? Mamás como ella, treintañeras serenas con aspecto de lavarse las mejillas con jabones florales.

Mi tragedia comienza cuando nos veo en la misma sala de espera. El amor que no llega. Porque ella, al igual que yo, cree en la posibilidad de mantener una relación limpia y trazada desde el respeto y otras cosas incondicionales. Esperamos, charlamos compartiendo afinidades. Podríamos conformarnos con un baile de sexos, pero si ella lo hiciera dejaría de admirarla. Así que ninguno de los dos se detiene ahí y el intercambio sigue. Prefiero admirarla silenciosamente. Recordar dónde está cada lunar y dejarla ahí, pintando encima del sol de la mañana con una de las ceras del descansillo.

Mejor dejarlo ahí. Yo nunca seré padre, sólo me acercaré a los niños y contemplaré a sus madres.